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Una colorida tradición, expresión de la fe de todo un pueblo

Una colorida tradición, expresión de la fe de todo un pueblo

Texto y fotos: Ing. Andrés Cueto Navarro. Subdirector de Turismo de Tuxtla Chico

Los primeros rayos de sol iluminan las apacibles calles de Tuxtla Chico, puertas y ventanas se abren para recibir fecha tan esperada: el 2 febrero, día de Santa María de Candelaria, patrona del pueblo. Tiempo de feria, de baile y de adoración.

La familia completa se reúne para el desayuno, saben que la jornada será larga, así los tamales, el chocolate y una deliciosa pieza de pan (de sabor afamado), hacen presencia en el centro de la mesa. Y es que esta fecha es especial, hay que hacer la alfombra por donde pasara en su recorrido por el pueblo la milagrosa virgencita.

Costales de aserrín pigmentado con anilina, flores, diamantina y en ocasiones la aromática flor de la palma de corozo o manaca espera el momento para entrar en acción. Semanas atrás, la familia había empezado a recolectar de las madererías y carpinterías de la región los residuos del corte de la madera. Con anticipación se habían platicado con los vecinos sobre el tema y el diseño de la alfombra de la cuadra para este año, proceso que involucró más de una tarde de rica platica, chistes y por supuesto, chocolate.

El trabajo empezaba: cernir y pintar costales de aserrín, trazar y cortar los moldes, además de lavar la calle, requiere de toda la familia. En el año de 1994 las señoras Lesbia Cruz de Herrera y Gloria Morales de Guzmán, del viejo barrio de San Miguel, hicieron una sencilla alfombra de flores frente a su casa para la tradicional procesión de la Virgen de Candelaria.

Nadie se imaginó que aquella expresión de fe diera lugar hoy en día, a la elaboración de un circuito de más de 2 km de longitud de alfombras multicolores, con una organización natural, espontánea y sobre todo familiar, que enorgullece a todo un pueblo.

Antes del mediodía, el ambiente en Tuxtla Chico se empieza a sentir a fiesta, el bullicio y el alboroto se refuerza con música de marimba que se escucha mientras se descansa momentáneamente en una mecedora: risas, saludos de vecinos que pasan, merienda familiar en la calle, sin duda la alegría se desborda en autentica comunión.

En punto de las ocho de la noche, después de misa, la Virgen es transportada “en su anda”. Comienza en un recorrido donde cohetes, castillos de fuegos pirotécnicos, mariachis, altares y flores, muestran la devoción de su pueblo. Entregan su trabajo de horas, con el cansancio presente pero con una sonrisa de orgullo que muestra a los observadores la alegría del deber cumplido. Una a una las alfombras cumplen su función, engalanan el paso de la Santa Virgen de Candelaria.

Permanecen unas cuantas horas en todo su esplendor, y a manera de ofrenda se ofrecen las manos que la elaboraron, el sudor de muchas frentes y el tiempo invertido. Pero sobre todo la promesa que cada 2 de febrero, será un referente del arte, la fe y las costumbres de uno de los pueblos más antiguos del Soconusco.

Por: Ing. Andrés Cueto Navarro.
Subdirector de Turismo de Tuxtla Chico.
acueton@hotmail.com

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